domingo, 24 de octubre de 2010

LA EXPERIENCIA SEXUAL Y LOS LIMITES


En las prácticas sexuales, en la búsqueda de la identidad sexual por la via de la experiencia las personas van encontrando nuevos goces y reforzando aquellos que ya conocían. En ese experimentar, sin embargo, está siempre latente el tema de los límites. En tal sentido los límites podrían agruparse, a modo de generalidad,en tres tipos:

1) El que yo pongo a mi alrededor para que el otro no me dañe o invada
2) El que pone el Otro
3) El que yo me impongo para que el Otro sea una proyección de mi espacio de posibilidades.

El punto central de los límites es que transgredirlos puede ser una fuente de placer. Y vamos revisando cada uno de ellos. "El que yo pongo a mi alrededor para que el otro no me dañe o invada". Si ese es mi límite y un día me abro a que el otro (u otra, según el caso) me invada y experimento goce en ello ciertamente estaríamos hablando de sumisión total. Así permitir que te hagan lo que quieran en la cama puede generarte placer en sí o displacer (dolor, asco, etc). Entonces puede ocurrir en tu mente la operación más rara, desdoblarte frente a esa sumisión y excitarte por el hecho de ceder radicalmente, excitarte más que por lo que te hacen por el hecho de abrirte o ceder. ¿Cómo controlar aquello? Va a depender de como manejes esa opción, de cómo determines cuándo y cómo ceder completamente y con quién. Es cierto que ahí se instala cierta racionalidad precautoria, lo que le restaría mérito a la radicalidad del gesto de ceder el control sobre sí a un Otro que ejercerá dicho control sobre uno. La sumisión radical ahí consiste en no racionalizar,no resistir, simplemente dejarse usar y abusar, independiente de que en ello se experimente asco, dolor, miedo. Es esa decisión temeraria lo que la hace excitante. Es una operación de trasgresión sobre tus propios límites y es en ese acto donde radica "lo erótico". Queda en el aire la idea de erotizar el ser objeto de la violación.

El segundo tipo "El límite que pone el Otro para que el resto no lo invada". Este límite apunta al respeto por la soberanía del otro, de manera tal que no respetarlo supone traspasar ese límite cancela toda posibilidad de compartir experiencias sexuales y eróticas. Sin embargo, existe la posibilidad de que se quiera trasgredir dicho limite, que la trasgresión implique goce. En tal caso, más que de una trasgresión estamos aproximándonos a la idea de una profanación, la práctica más extrema de la trasgresión, es violentar el espacio soberano del otro (u otra). La violación es vista acá como un recurso legítimo para quien la practica ¿y para quién la sufre?. Sólo si se trata de una persona que goza trasgrediendo el primer límite enunciado acá. Quien ejerce violación y quien ejerce sumisión radical se encuentran en una experiencia extrema.

El del tercer tipo, "El que yo me impongo para no invadir al otro", da cuenta de una voluntad por los consensos en lo que respecta a la experiencia sexual exploradora. En estricto lo son quienes respetan los principios anteriormente señalados.

2 comentarios:

Absenta dijo...

ufff solo una vez me han querido transgredir, y les fue mal jajaja
lástima pues de haber sido más inteligentes en la forma de expresar el deseo hubiese accedido y dado aun más

Mujer de agua dijo...

en la situacion digo
en cuanto aparece
un situal esclarecedor
pero dime, hasta cuando
que no entiendo
el lugar que poseen los silencios